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Aprender, evolucionar y crecer al ritmo de la industria

Marta González AZTERLANen gaur egun

Marta González es analista metalúrgica y experta en diagnóstico y análisis de fallo. Desde su incorporación a AZTERLAN en 1990, su trayectoria profesional ha estado marcada por el aprendizaje constante, la adaptación tecnológica y el contacto directo con la industria. Licenciada en Ciencias Químicas, encontró en AZTERLAN el equilibrio entre el rigor científico y la aplicación práctica del conocimiento.
Más de tres décadas después, su recorrido es también el reflejo de la evolución de un sector que ha cambiado tanto a nivel tecnológico, como social, y ella es una de esos “referentes” que visibilizan el importante espacio que ocupan las mujeres en el ámbito científico y técnico. Con motivo del 8 de Marzo, compartimos parte de su recorrido en AZTERLAN y su visión del espacio que ocupan las mujeres en el entorno tecnológico e industrial.

¿Cuál es tu actividad en AZTERLAN y qué formación cursaste antes de incorporarte al Centro?
Soy analista metalográfica y experta en análisis y diagnóstico de fallo en servicio y análisis de defectos de materiales metálicos. A lo largo de mi carrera profesional he ejercido labores en las áreas de propiedades mecánicas (donde me incorporé inicialmente en 1990) y análisis metalográfico, donde finalmente me he especializado. El área de metalografía de AZTERLAN tiene la característica de que es la que integra todo el proceso analítico que se realiza sobre un material o componente. Es decir, es donde realizamos la interpretación conjunta de los diferentes trabajos de caracterización. Basado en este conocimiento y en el hecho de que a lo largo de mi trayectoria me he especializado en el campo de los aceros, también me dedico al análisis de fallos en servicio (componentes que fallan durante su vida útil) y he participado en proyectos de I+D. Todo ello me ha permitido tener una visión amplia de los materiales y de sus procesos de fabricación.
En cuanto a mi formación académica, cursé licenciatura en Ciencias Químicas, con especialidad Química Física. Después realicé cursos de doctorado y disfruté de becas en la universidad, donde tenía proyectado quedarme al menos cuatro años más, pero en aquel momento surgió la oportunidad de entrar en AZTERLAN y decidí dar el paso.

¿Cómo valoras el desempeño de tu carrera profesional?
Lo valoro de forma muy positiva. Ha sido una evolución progresiva. Cuando llegué a AZTERLAN tenía una base científica-teórica y ninguna industrial. La mayor parte del conocimiento que tengo de los materiales y los procesos empleados en su fabricación, lo he adquirido aquí.
Mi crecimiento profesional ha sido paralelo al de AZTERLAN, adaptándome a avances tecnológicos, nuevas metodologías y mayores exigencias de los diversos sectores industriales para los que trabajamos, tratando de aportar soluciones a sus problemas del día a día. Ha habido momentos más fáciles, otros más exigentes, pero siempre he tenido la sensación de estar avanzando, adquiriendo nuevo conocimiento, y aportando valor.

Imágenes de Marta en el laboratorio de AZTERLAN a principios de la década de 1990.

 

¿Cómo recuerdas tu primera etapa en AZTERLAN?
La recuerdo con mucha ilusión y con unas ganas enormes de aprender, siendo parte de un equipo que tenía una tremenda ilusión y estaba muy implicado en el proyecto. De aquel momento, tengo también el recuerdo de que creían en mí, que apostaban por mí, que invertían tiempo en mí para que me formara. Podía entrever claramente las oportunidades de crecer que iba a tener aquí y eso era muy motivador.
Es una experiencia que me gustaría que hubieran vivido todas las personas que se han incorporado al equipo de AZTERLAN en cualquier momento de estos 40 años de recorrido; aunque soy consciente de que el tamaño y el ritmo actual de la organización y lo que éramos cuando yo me incorporé son muy distintos.

¿Te imaginabas que AZTERLAN podría llegar a tener este desarrollo a lo largo de estos 40 años?
Sinceramente, no. Cuando entré, el equipo era pequeño y las capacidades tecnológicas eran las propias de un Centro joven. Con el tiempo, AZTERLAN ha crecido en personas, en especialización y en medios técnicos. Más allá de los avances tecnológicos que se han dado en nuestro campo, las capacidades de las que nos hemos ido dotando, aparte del propio crecimiento estructural que hemos vivido, eran impensables en aquellos momentos.
Ha habido momentos de crecimiento pausados, otros muy rápidos, pero la evolución ha sido constante. Y yo me siento parte de ese recorrido y lo siento como mi proyecto, como quien ha visto crecer un bebé. También es importante tener presente que ha habido un motor fuerte que lo empujaba y lo guiaba con acierto, y que hemos trabajado y dedicado mucho esfuerzo en todos estos años.

A lo largo de tu carrera profesional has mantenido mucha relación con la industria y con una gran cantidad de profesionales de empresas. ¿Cómo percibes la presencia de mujeres en el sector metal-mecánico?
Si bien es cierto que en ámbito educativo o académico había mujeres cursando carreras y estudios técnicos, su presencia en la industria era muy baja. Cuando empecé, lo habitual era que los interlocutores en empresas industriales fueran hombres, especialmente en puestos técnicos y de responsabilidad. Más allá de la industria especifica, era el contexto de la época.
Con los años, esa realidad ha ido cambiando. Hoy es mucho más frecuente encontrar mujeres en esos ámbitos, especialmente en cargos relacionados con la calidad y oficinas técnicas. No ha sido una transformación radical ni inmediata, pero sí progresiva. Treinta años pueden parecer mucho, pero en términos culturales tampoco es tanto tiempo, y el cambio es visible.

 

Izquierda: Marta González, Julián Izaga y Ricardo Gezala (AZTERLAN), participan como formadores en un curso técnico relacionado con la fundición. / Derecha: Marta y Julián acompañan a un grupo de técnicos de una empresa cliente en las instalaciones de AZTERLAN.

Izquierda: Marta González, Julián Izaga y Ricardo Gezala (AZTERLAN), participan como formadores en un curso técnico relacionado con la fundición. / Derecha: Marta y Julián acompañan a un grupo de técnicos de una empresa cliente en las instalaciones de AZTERLAN.

 

Bien a la hora de elegir/cursar tus estudios o de desempeñar tu carrera profesional ¿Has sentido algún tipo de limitación o condicionamiento por ser mujer?
Personalmente, no. En mi entorno familiar nunca se me planteó que pudiera tener limitaciones por el hecho de ser mujer. El mensaje que me trasladaban era claro: estudiar era una herramienta para mí misma, algo que nadie me podía quitar y que me abriría puertas. Yo siempre he tenido una tendencia natural hacia los temas técnicos y cuando opté por una carrera técnica, siempre sentí apoyo.
Cuando me incorporé a AZTERLAN éramos 8 personas en el equipo, de las que 4 éramos mujeres. Unos porcentajes impensables en un entorno industrial por aquel entonces. Sin embargo, en mi trayectoria profesional tampoco he sentido un condicionamiento directo. Tanto en AZTERLAN como, anteriormente, en la universidad, siempre he percibido que se valoraba el conocimiento y la capacidad para resolver problemas.
En mi trato con nuestros interlocutores industriales tampoco he vivido el sesgo de género, las empresas venían a AZTERLAN para que les ayudásemos con sus problemas, y nos respetaban en la medida que éramos capaces de resolvérselos o, al menos, de encaminarles hacia una solución. A la hora de la verdad, eso era lo que más pesaba.

Hoy en día sigue dándose una infrarrepresentación de las mujeres en carreras técnicas. ¿A qué crees que puede deberse esto? ¿Crees que podemos hacer algo para cambiarlo?
Creo que tiene mucho que ver con factores culturales y educativos. Muchas veces, sin darnos cuenta, transmitimos ciertos roles o expectativas desde edades muy tempranas. Por eso pienso que la base está en la educación, especialmente en el entorno familiar: educar en igualdad y ofrecer todo el abanico de opciones sin limitar intereses.
Es importante que tanto niñas como niños puedan explorar aquello que les despierta curiosidad, sin etiquetas previas. Si desde pequeños se normaliza que cualquier opción formativa o de otro tipo es válida para ambos géneros, el acceso a las carreras técnicas será una consecuencia natural.
Además, las políticas sociales que facilitan la conciliación también ayudan a que las decisiones profesionales no estén tan condicionadas por otros factores. Cambios profundos como estos no se consiguen de un día para otro, pero con educación, referentes y oportunidades, el equilibrio llegará de manera progresiva.
Igualmente, creo que iniciativas como las visitas de estudiantes jóvenes a AZTERLAN (u otros centros y lugares de trabajo) contribuyen a esta misión y les ayudan a visibilizar posibles profesiones que pueden resultarles de interés en un futuro.

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