Tras finalizar su licenciatura en Ciencias Químicas, especialidad Química Física, Marta González imaginaba su futuro cercano ligado a la universidad. Completó cursos de doctorado y consiguió becas que le garantizaban continuidad en el ámbito académico. Sin embargo, en 1990 le surgió la oportunidad de incorporarse a AZTERLAN. “La oferta de empleo me llegó a través del INEM y, aunque no lo había estado buscando activamente, decidí apostar por un entorno que me pareció que me ofrecía algo diferente y más alineado con mis inquietudes personales: aplicar el conocimiento científico a la realidad práctica, en este caso, con una actividad muy vinculada a la industria del metal”.
En aquel momento, su incorporación a AZTERLAN respondía a la necesidad de reforzar el área de caracterización mecánica de materiales, poniendo en marcha una nueva máquina de ensayos de tracción con extensometría. A partir de ahí, comenzó un proceso de aprendizaje intenso en distintos aspectos ligados a la metalurgia. “De manera progresiva, fui apoyando al área de metalografía, lo que me permitió desarrollar nuevos conocimientos.”. En línea con el crecimiento de capacidades y personas vivido por el propio Centro, Marta fue enfocándose en esta última área que “en AZTERLAN tiene la característica de que integra todo el proceso analítico que realizan las diferentes áreas, es decir, es donde realizamos la interpretación conjunta de los diferentes trabajos de caracterización que se ejecutan sobre una muestra, material o pieza”. Del mismo modo, su ámbito de especialidad se definió en el campo de los aceros. Además, “sobre esta misma tarea analítica se añaden nuevas capas”, como son el análisis de la causa de fallo en servicio o la caracterización avanzada de defectos, e incluso, la I+D. “Yo he tenido la suerte de poder participar en todas ellas en determinados momentos, y eso es muy enriquecedor y ofrece una visión muy amplia”.
Marta recuerda que desde el primer momento vio el potencial que AZTERLAN tenía para ella, “sentía que creían en mí, que apostaban por mí y se me daban oportunidades de crecer”. Sin embargo, recuerda que no era la realidad general de las mujeres en el entorno industrial, especialmente, en un contexto de crisis económica como el de aquel momento. Si bien es cierto que había mujeres que se formaban en campos técnicos, la presencia de mujeres era baja en las empresas productivas (Las fotografías de grupo que acompañan estas líneas representan esta realidad).
En todos estos años de estrecha relación con la industria Marta es consciente de la transformación que en este sentido se ha vivido en el mercado y recuerda que hace 30 años los puestos técnicos y de responsabilidad estaban ocupados casi exclusivamente por hombres. “Hoy en día, la presencia de mujeres es mucho más habitual, sobre todo en calidad y oficina técnica. Lógicamente no ha sido una transformación repentina, sino un proceso gradual que refleja la importancia de la formación y del acceso a oportunidades”.
Como contrapunto, apunta que el equipo de AZTERLAN siempre tuvo una presencia femenina significativa. Con su incorporación, cuatro de las ocho personas de la plantilla eran mujeres y, desde su experiencia, nunca sintió que su desarrollo profesional estuviera condicionado por su género. “Tanto en AZTERLAN como antes, en la universidad, sentí que se valoraba mi conocimiento y mi capacidad para dar respuesta a retos técnicos”.
Del mismo modo, no recuerda que su género haya sido impedimento para relacionarse de forma directa con profesionales industriales. “Las empresas venían a AZTERLAN para que les ayudásemos con sus problemas y nos respetaban en la medida que éramos capaces de resolvérselos o, al menos, encaminarles hacia una solución”. Asimismo, recuerda como una parte importante de su proceso de aprendizaje las visitas a plantas industriales que hacía junto con compañeros de equipo con una mayor experiencia y que se consideraban de alto valor, tanto para conocer de forma directa la realidad de las empresas productivas, como para establecer vínculos con los clientes y ser reconocida como interlocutora técnica.
Ante la realidad social actual en la que la presencia de mujeres en carreras y profesiones técnicas sigue siendo baja, Marta opina que la educación es la base para seguir transformando la sociedad. “En casa el mensaje que siempre recibí de mis padres y abuelos fue que estudiar es una inversión en una misma, algo que nadie puede quitarte y que te abre puertas; y me animaban a formarme en aquello que yo quisiera. En mi caso concreto, siempre tuve una inclinación natural por temas más técnicos y fue el camino que elegí, contando con todo el apoyo de mi familia”.
Aunque es consciente de que hoy en día -en nuestro entorno- nadie duda de que no hay ningún ámbito de conocimiento sesgado por el género, opina que para seguir transformando la sociedad es importante presentar a las jóvenes todo el abanico de posibilidades que tienen delante. “Por ejemplo, creo que las visitas de estudiantes jóvenes a AZTERLAN (y otros centros y espacios de trabajo) contribuyen a esta misión y les ayudan a visibilizar posibles profesiones que pueden resultarles de interés”.
No obstante, Marta recalca que la verdadera base está en la educación familiar y en transformar los roles de género y expectativas que, “muchas veces y sin darnos cuenta, les transmitimos a nuestras hijas e hijos desde edades muy tempranas”.