José Mª Murua ha sido uno de los principales responsables del desarrollo comercial y de clientes de AZTERLAN. Tras una andadura en la empresa privada, concretamente, en la industria del mecanizado, se incorpora a AZTERLAN en 1993. De su ámbito de especialización industrial consigue introducir en AZTERLAN un elemento que se demostrará clave para el desarrollo comercial del Centro: la incorporación del mecanizado de probetas de ensayo al servicio de caracterización y certificación ofrecido por el Laboratorio.
Esta nueva línea de trabajo, junto con las capacidades que AZTERLAN tenía en aquel entonces en el ámbito de la soldadura y, más adelante, el despunte del sector eólico, han sido en opinión de José Mª “la principal punta de lanza” que marcó por aquel entonces el crecimiento de AZTERLAN».
Los inicios de este “pack llave en mano”, es decir, servicios de análisis que incluían la fabricación de las probetas, no estuvieron exentos de trabajo y voluntariedad. Los primeros trabajos se hicieron con equipos de la Escuela, tornos y fresadoras compartidas que, poco a poco, se reforzaron con nuevo equipamiento propio. José Mª recuerda que, “los fines de semana bajaba al taller a adelantar la preparación de muestras y dejar los procesos en marcha para que entre semana pudiesen llevarse a cabo el mecanizado final y los trabajos de análisis”. Como otros aspectos que motivaron la creación y el desarrollo de AZTERLAN, la evolución surge como respuesta a la necesidad de un cliente “que nos aseguraba cierto volumen de trabajos semanalmente, y necesitábamos ganar en agilidad para estar a la altura”. Con el nuevo sistema de trabajo los clientes solo tenían que traer sus piezas a AZTERLAN, quien se encargaba de interpretar las normas de referencia, extraer las probetas y ensayar dichas muestras. Ese innovador enfoque ofreció agilidad, confianza y fidelidad.
La obtención de la acreditación ENAC, en 1994, bajo la norma UNE-EN ISO 17025 (estándar internacional que define los requisitos generales para la competencia técnica y de gestión en laboratorios de ensayo y calibración) no hizo más que reforzar esta apuesta y acució la necesidad de mejorar las capacidades e infraestructuras de AZTERLAN. El primer reflejo de esta expansión fue, en primer lugar, la ampliación de las instalaciones en el recinto de la Escuela (1995) y, pronto, hacia unas segundas instalaciones en las afueras de Iurreta (1998), donde fue posible afianzar y ampliar la infraestructura del taller.
A lo largo de este proceso, la figura de José Mª fue transformándose en la de un director técnico comercial: presentar y desarrollar capacidades, negociar con clientes y proveedores… siempre, combinando conocimiento técnico, capacidad de liderazgo y, por aquel entonces, “algo de intuición”; era el proceso de consolidación de una figura clave en la organización, la de Director de Servicios Tecnológicos, con una importante orientación a cliente y responsable de la ordenación de procesos internos.
Como no podía ser de otra manera, la ampliación de capacidades e instalaciones ha estado íntimamente ligada con el crecimiento de la plantilla de AZTERLAN, sus capacidades técnicas y analíticas y su conocimiento experto. A los servicios de ensayos mecánicos, químicos y metalográficos pronto se les unieron los ensayos no destructivos, “en gran parte traccionados por la industria eólica, que entorno al año 2000 tenía mucha importancia en nuestro mercado”. Más adelante, nacería el área de Corrosión y Protección de Materiales, como un ámbito de análisis clave para las industrias que trabajan con materiales y componentes metálicos de aplicación en entorno más agresivos.
Cuando se imagina la trayectoria de AZTERLAN hacia el futuro, José Mª recalca la necesidad de “mantener activa la capacidad de escuchar las necesidades del cliente y de seguir desarrollando procesos robustos, que, sin embargo, tienen que basarse en una visión compartida de un Proyecto AZTERLAN que las personas sientan como suyo”.